• 12 noviembre, 2014

En psicología se explica que el ser humano se rige a través de la proyección de recompensas y perspectivas. Es decir, actuamos de una manera determinada porque consideramos que con esta acción conseguiremos unos resultados más satisfactorios. Cuanto más inmediato sea el “premio” que podamos conseguir, con más probabilidades nos implicaremos en la tarea.

Por ejemplo, cuando tenemos que estudiar para un examen, no es extraño que planteemos tramos de recorrido a la hora de organizarnos. Estudiar una hora y descansar quince minutos; ver un capítulo de una serie si pasamos todos los apuntes a limpio; salir a tomar algo si terminamos el trabajo a tiempo.

Este mecanismo, prácticamente inconsciente e innato, se puede aplicar en el diseño de aplicaciones a través de la ludificación o gamificación. Consistiría en repensar tareas o acciones poco atractivas o densas, añadiéndoles un factor de reto.

Cojamos el ejemplo de aprender vocabulario en un idioma extranjero. Con qué alternativa tendremos más opciones de convertir en una pauta diaria su estudio: ¿leyendo cada día el diccionario o jugando a través de una App en nuestro Smartphone? Y si además conseguimos que el diseño gráfico del videojuego sea atractivo, lograremos que estas tareas sean todavía más amenas.

El entorno digital y los videojuegos son un campo de cultivo perfecto para desarrollar nuevas aplicaciones de la ludificación, de forma que podamos dar una vuelta de tuerca a aquello que son deberes para convertirlo en placeres. Algo que nuestro equipo docente tiene muy en cuenta a la hora de explicar y enseñar el proceso de desarrollo de videojuegos.